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Viernes, 9 de junio de 2017 | Leída 199 veces
OPINIÓN

Como hacer desaparecer el edificio de GESA

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José Francisco Reynés |

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Declarado Bien Catalogado por el Consell de Mallorca después de un largo debate político y técnico, con partidarios y detractores de su conservación, el conocido como edificio de GESA (pese a que la compañía, hoy ya englobada en ENDESA, tiene desde hace años otra sede en el Coll d’en Rebassa) sigue dando de qué hablar.

 

El actual equipo de gobierno de Cort ha decidido paralizar cualquier actuación (algo de lo que son especialistas) después de la sentencia conocida hace unas semanas del Tribunal Superior de Justicia de Baleares que revoca la modificación urbanística de la fachada marítima que convirtió en zona verde y espacio libre público la primera línea de la calle Joan Maragall, y hasta que se resuelvan los restantes litigios en marcha con los antiguos propietarios.

 

Ante todo, mi admiración y respeto por el arquitecto Pep Ferragut, autor del proyecto, y por el legado de grandes obras que nos ha dejado, pero personalmente, y esta es una opinión compartida por gran parte de compañeros de profesión, no creo que  este sea un edificio que merezca ser tratado como bien catalogado. Me parece una estructura interesante, con una fachada de muro cortina, respondiendo a los estándares de arquitectura del movimiento moderno de planta libre, similares a otras construcciones coetáneas que no han sido merecidas de integrarse en un catálogo patrimonial. Pero no está para nada integrada en el entorno y tiene una respuesta inadecuada al clima que nos encontramos.

 

¿Y qué tenemos ahora? Un edificio en decadencia, que envejece mal, objeto continuo de actos de vandalismo, una fachada que es el paradigma del gasto e ineficiencia energéticos (muros cortina a orientaciones este y oeste en un clima como el nuestro, sin ningún tipo de protección solar) y una situación judicial que paraliza a los políticos con multitud de causas pendientes en los tribunales, fruto de las modificaciones del PGOU para conservar el edificio y traspasar la edificabilidad a parcelas de segunda línea. Un coste económico para todos los ciudadanos todavía por resolver. No olvidemos que se trata de la puerta de entrada de millones de turistas a Mallorca. Lo primero que se ve al entrar en Palma.

 

En esas estaba yo hace unos días, parado en el semáforo junto al edificio, viendo la imagen lamentable que transmite, cuando pensé en el proyecto de la Torre Infinity de Seúl de hace unos años: una fachada formada por paneles LED que proyectan la imagen que capta los sensores y cámaras situadas en la fachada opuesta, y de esta forma la persona que está observando el edificio vería “a través” del mismo, haciéndole desaparecer a la vista. También hay otros sistemas de edificios camaleónicos, que se camuflan en el entorno allí donde están implantados mediante el juego de colores, materiales y espejos, sin duda soluciones  mucho más económicas que la primera de la Torre Infinity.

 

Ahora imaginémonos estas soluciones aplicadas al edifico de GESA, que en lugar de cobrar el protagonismo que tiene ahora, dejaría la visual libre del centro histórico al acceder a Palma desde el aeropuerto, en una intervención innovadora, respetando la existencia del edifico como bien catalogado. Merecería la pena pensar en ello. Estoy seguro que este tipo de sistemas los veremos en un futuro no muy lejano para solucionar problemas de construcciones con elevado impacto visual, que no puedan (o no deban) ser demolidas. Grandes lonas o mallas que cubran la totalidad del edificio para que desaparezca virtualmente ante nuestros ojos porque lo que están proyectando las fachadas son las visuales de las fachadas opuestas. Apuesto a que muchos ciudadanos pagarían por ponerlo en el edificio vecino. El tener una vivienda en segunda línea ya no sería un problema. Pienso que llegaremos a verlo.

www.estudioreynes.com

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