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Lunes, 3 de julio de 2017 | Leída 94 veces
OPINIÓN

Julio

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Tomeu Garcies |

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Vivir en Mallorca y, a principios de julio no hablar de turismo es materialmente imposible. No hace demasiados años, cuando nos mordíamos las uñas literalmente nos lamentábamos a estas alturas por que no se cumplían expectativas de visitantes. Entonces la creación de empleo parecía una quimera y se achacaba a los hoteleros que muchos de sus establecimientos, basados en un modelo barato de sol y playa estaban obsoletos. Se decía que no podríamos ser competitivos hasta que no cambiáramos este chip y nos lanzáramos en la carrera de la calidad.

 

Y muchos de estos hoteleros lo hicieron: Y invirtieron un auténticos pastizal en renovar establecimientos, elevar categorías, dar más servicios y también en contratar más personal. Además lo hicieron arriesgando en plena crisis.

 

Que rara que es la vida que nos lleva de un extremo a otro con una facilidad pasmosa. Afrontamos esta temporada superalta inmersos en el mismo debate que el año pasado. ¿Hay demasiada gente? ¿Estamos saturados? ¿Necesitamos imponer techos? ¿Hay que limitar la actividad hotelera?

 

El debate está en la calle ciertamente pero hay que manejarlo con mucho cuidado. Nuestra privilegiada situación turística ante Alemania, Gran Bretaña y media Europa es tan buena como excepcional y fragil. Por poco que se normalice la situación política en el Mediterraneo vamos a perder turistas y por poco que se espabilen otros competidores nos los van a robar.

 

Francamente pienso que los turistas no nos sobran ni a nosotros ni a nadie. Todos aquellos mensajes que vayan por esta linea restan y engordan los titulares de la prensa sensacionalista extranjera que está al acecho para atacarnos. Si hasta ya explotan una foto de una 'tintorera' para crear una campaña en contra.

 

En fin. No les demos más munición por favor. Tracemos otro camino más sutil e igualmente efectivo. El del menos y más. Hay que promocionar menos las Islas en verano y hacer que vengan menos visitantes cuando hace calor. Por contra traigamos más turismo en invierno y otoño. Que descubran la gastronomía, las montañas, el paisaje, el patrimonio, las compras...

 

Puede que así, también consiguamos que a estos hoteleros valientes que han invertido tanto dinero también les salga a cuenta tener más establecimientos abiertos en invierno, y más personal contratado durante más tiempo. Y al final todos salgamos ganando.

 

Hay que adoptar medidas; si, pero mantengamos el debate en los términos del positivismo, de los alicientes, de los atractivos en lugar de hablar de prohibiciones, multas o puertas cerradas.

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