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Viernes, 22 de septiembre de 2017 | Leída 101 veces
VIAJES

Las experiencias: lo mejor de viajar y de la vida

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Maura y Toni / www.eldiscretoencantodeviajar.com |

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 Fotografía "El Discreto Encanto de Viajar"

Las experiencias son algo inmaterial pero sin duda una de las cosas más valiosas que nos podemos llevar en esta vida. Basta con echar la mirada atrás para darse cuenta de que nuestros mejores recuerdos no son más que momentos y vivencias que nos han ido marcando. Y es que, como dicen, si de alguna cosa nos lamentamos cuando nos hacemos mayores es de no haber hecho cosas cuando hemos tenido la oportunidad de hacerlas.

 

Así que, mientras lees esto en tu smartphone u ordenador, vale la pena que te plantees si de vez en cuando dejas de lado las preocupaciones del día a día y sales de la llamada zona de confort para “experimentar”. Al fin y al cabo las experiencias son algo que te acompañan siempre y te enriquecen como persona.

 

Y qué mejor aliado de las experiencias que los viajes. Viajar es salir de la rutina, descubrir lugares, aprender, encontrarse a uno mismo y, sobre todo, vivir experiencias. Una buena manera de experimentar es conocer lugares que choquen más con nuestra cultura, lugares que no se asemejen tanto a las costumbres europeas. Por suerte, para ello no hace falta irse muy lejos. Hoy os queremos hablar de una de esas experiencias que hay que vivir una vez en la vida y que disfrutamos este año en el vecino Marruecos.

 

No era un viaje planeado pero estábamos seguros de que Marruecos cumpliría nuestras expectativas. Un país de contrastes, tradiciones y costumbres distintas a las nuestras, un lugar dónde el descubrir y aprender era tarea obligatoria. Aquello que si teníamos claro era que no nos íbamos a ir del país sin pasar una noche en el desierto. Así, nos embarcamos en una excursión de tres días hacia el desierto.

 

Después de cruzar las imponentes montañas del Atlas, tras cientos de kilómetros de carretera cruzando pueblos y aldeas dónde el tiempo parece ir un poco más despacio que en el resto del mundo, llegamos a las puertas de las dunas Erg Chebbi.

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 Fotografía "El Discreto Encanto de Viajar"

Dejamos el coche para seguir nuestra ruta en camello, guiados por un joven bereber de tez oscura y una sonrisa radiante. Se hacía llamar Barack, como él decía "el presidente de los camellos". Chapurreaba más de 4 idiomas sin más escuela que la propia vida y nos hablaba de sus vivencias cómo nómada.

 

El paseo en camello sobre una arena cada vez más enrojecida por la puesta de sol,  mientras que el viento iba dibujando formas sobre la arena, fue solo el comienzo de una de las noches más mágicas que hemos vivido.

 

Tras llegar al campamento e instalarnos en la haima donde pasaríamos la noche, conocimos a los demás viajeros venidos de todas partes con los que compartimos sensaciones. Esa noche tocaba tajín para cenar, no era el mejor que habíamos probado pero realmente no nos importaba, estábamos en medio del desierto, ya era un sueño cumplido para nosotros.

Entrada la noche, nuestros anfitriones bereberes prepararon un pequeño fuego junto al campamento. Era enero y en pleno desierto, así que os podéis imaginar a todos arrimados junto a la lumbre. Llegó el turno de los tambores y las canciones bereberes. Allí estábamos bajo la luz de la luna, alrededor del fuego, al ritmo de los tambores y los cantos, y tomando un rico té moruno, sin duda algo muy diferente a nuestro día a día.

 

A media noche la luz de la luna dejó paso a un cielo totalmente estrellado. Los tambores dejaron de sonar dando paso a la tranquilidad de la noche. Solo perturbada por las numerosa estrellas fugaces que cruzaban esa noche el cielo. Tumbados sobre una duna abrazados por la oscuridad de la noche, únicamente viendo estrellas y sin oír nada más que nuestra respiración fue algo único y que no olvidaremos.  

 

A pesar del frío que pasamos, que no fue poco, es una de las noches más bonitas que hemos vivido, la sensación de sentirte en medio de un lugar totalmente desconocido alejado de todo, sin oír nada y simplemente disfrutando del momento.

 

Al acabar la noche tocó el paseo de vuelta en camello, aprovechando los últimos minutos de esa sensación única y deseando volver a vivir algo parecido dentro de poco.

 

Las experiencias hay que sentirlas y vivirlas al máximo, podremos olvidar el nombre del lugar, el mes que era y otros detalles pero nunca olvidaremos aquella noche en el desierto.

 

 

Si quieres conocer más sobre nuestros viajes te invitamos a descubrir nuestro blog http://www.eldiscretoencantodeviajar.com

 

 

                                    Toni y Maura del blog "El Discreto Encanto de Viajar"

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