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Lunes, 23 de octubre de 2017

Bolsas europeas rezagadas, a la espera del BCE

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Juan Carlos Ureta |

pocos días de la importante reunión del BCE del próximo jueves, el rasgo más llamativo a nivel bursátil de la tercera semana de octubre ha sido, sin duda, el peor comportamiento comparativo de las Bolsas europeas frente a las americanas y a la japonesa.

 

En una semana en la que el Dow Jones ha subido un 2% y ha logrado superar por primera vez en su historia los 23.000 puntos y en la que el Nikkei ha subido un 1,4% y ha cerrado el pasado viernes una racha de catorce sesiones consecutivas al alza, algo no visto desde 1956, el Eurostoxx y el Dax se han quedado exactamente en el mismo sitio en el que estaban la semana anterior, y solo el Cac francés ha logrado una moderada ganancia semanal del 0,4% mientras nuestro Ibex y el Mib italiano se dejaban cada uno tres décimas.

 

Es muy llamativa esta debilidad de las Bolsas europeas, que, tras haberse sumado en septiembre al movimiento alcista de las plazas americanas, han entrado sin embargo en octubre en una fase plana que en el caso del Mib y del Ibex es más bien bajista.

 

Esta divergencia podrá parecer incluso más extraña si tenemos en cuenta que el Fondo Monetario Internacional, en su reciente reunión de otoño celebrada en Washington, ha elevado la estimación de crecimiento de la zona euro para el próximo año y ha rebajado la de EE.UU. Sin embargo, hay varios motivos que la explican.

 

Empezando por las Bolsas americanas, los resultados empresariales han batido las estimaciones en dos de cada tres empresas que han reportado sus cifras. Esta última semana los dos grandes Bancos de inversión, Goldman Sachs y Morgan Stanley, anunciaban subidas de beneficios que los expertos no esperaban, dada la debilidad de la actividad de intermediación en mercados (trading). Esto ha permitido a ambos valores y a los grandes Bancos que reportaron la semana pasada (JP Morgan, Citi, Bank of America...) seguir subiendo, y en algún caso, como el de JP Morgan, alcanzar sus máximos históricos de todos los tiempos.

 

Otras empresas como IBM y Netflix también dieron buenas cifras y subieron con fuerza, pero incluso en los casos en los que no han sido buenos, la Bolsa ha hecho la mejor lectura posible y no los ha penalizado. Así, el pasado viernes General Electric anunció una caída de beneficios en el tercer trimestre, el primero del nuevo Consejero Delegado, John Flannery. La acción cayó inicialmente más de un 6%, pero luego recuperó todo lo perdido y acabó la sesión subiendo un 1% al entender los inversores que las pérdidas eran debidas a gastos de reestructuración y que, por tanto, lo peor ya ha pasado.

 

Otro factor que ha impulsado a las Bolsas americanas es la reforma fiscal de Trump. Parece que realmente se va a aprobar, o al menos así lo creen las Bolsas, y se descuenta que será buena para las empresas cotizadas. La subida del pasado viernes de más de 160 puntos del Dow tiene mucho que ver con las noticias que llegaron al parqué sobre la reforma fiscal.

 

Finalmente está la casi segura designación de Jerome Powell como próximo presidente de la Fed, Powell gusta bastante más a los mercados que los otros dos candidatos al puesto, John Taylor y Kevin Warsh, ambos considerados bastante más "halcones" que Powell. El mercado descuenta que con Powell la subida de tipos será más pausada, y por ello los tipos de los bonos americanos bajaron al conocerse que probablemente Powell será el elegido.

 

En el caso del Nikkei, además de los buenos datos económicos y empresariales ha jugado a favor la expectativa de que, como finalmente ha sucedido, Shinzo Abe, ganase las elecciones celebradas ayer. Los inversores prefieren la estabilidad y aunque la llamada "abenomics" es cuestionable en sus efectos de medio plazo, el que Abe continúe se descuenta muy positivamente.

 

Frente a estos escenarios, las Bolsas europeas se han visto castigadas por los persistentes problemas de balancede la banca italiana y por la situación de Cataluña, así como por los resultados de las elecciones alemanas, con fuerte avance de las fuerzas anti europeas, y de las elecciones en Austria y Chequia, que han aupado al poder a partidos no muy europeístas, avanzando también, como en Alemania, las posiciones nacionalistas de extrema derecha. Tampoco ayuda el hecho de que las negociaciones sobre el Brexit no vayan bien. De alguna manera el "momentum" que generó la victoria de Macron en Francia se ha diluido.

 

Los resultados empresariales en la zona euro están siendo buenos, pero no tan buenos como los de las compañías americanas. Queda por reportar la banca, que sigue sin despejar del todo las dudas, y queda también la mayor parte de las grandes compañías, pero esta última semana hemos visto como Unilever, la segunda empresa del Eurostoxx por capitalización bursátil, ha caído un 7,65% tras haber decepcionado la evolución de sus ventas en el tercer trimestre. También la francesa Publicis ha experimentado una fuerte caída al no gustar sus cifras trimestrales.

 

En definitiva, la duda es si estamos o no viendo una oportunidad en las Bolsas europeas, sobre todo tras el ya mencionado informe del FMI que habla de un crecimiento económico global sincronizado y acelerándose y que eleva el crecimiento futuro de la zona euro.

 

La reunión del BCE el próximo jueves ayudará a despejar la incógnita, al dar una guía sobre los planes futuros de compras de bonos y sobre los tipos de interés, en un momento político bastante delicado, por todos los temas expuestos.

 

Hay datos económicos como, entre otros, el PIB adelantado del tercer trimestre en EE.UU., en el que se verá el impacto de los huracanes, los PMIs de octubre americano y de la zona euro, y el IPC de Japón de septiembre. Y también hay muchos resultados.

 

Pero la reunión del BCE y la evolución de la reforma fiscal en Washington concentrarán la mirada de unas Bolsas que, con la excepción de las europeas, perecen haber descontado ya casi todo lo bueno que se pueda producir. La inercia mueve a que las subidas continúen, pero precisamente por eso hay algo que nos indica que es mejor mantenerse a la espera.

 

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