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Viernes, 15 de diciembre de 2017 | Leída 80 veces
OPINIÓN

La encuesta

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Jaime Lladó | Director general de Dale Carnegie |

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Hace algunas semanas, impartí un curso-taller que ponía de relieve los puntos ciegos en el liderazgo de los cuales pecamos la mayoría de los líderes de las compañías.


Verán, un estudio que encargó la multinacional Dale Carnegie, empresa en la que trabajo en su filial española, ponía de relieve qué puntos flacos tenían los jefes. Para ello, entrevistaron a más de 3.000 empleados de 14 países distintos y se les preguntó acerca de que esperaban recibir de sus directivos.


Quizás les sorprenda saber que el salario o retribuciones no estaban en los primeros puestos de la lista.  
Según la encuesta, sólo un 29% de los trabajadores se sienten comprometidos, se enorgullecen de su trabajo, apoyan los objetivos de la organización y están menos dispuestos a cambiar de empleo por un pequeño aumento del salario. De hecho, el estudio pronostica que casi la mitad de los empleados encuestados podrían abandonar su puesto el próximo año.


Entonces, ¿qué diablos motiva a los empleados a quedarse dónde están? Mis años como directivo me dan algunas pistas y creo que básicamente un empleado conserva su puesto de trabajo por dos motivos: o bien porque es un empleado mediocre sin muchas expectativas profesionales, o bien por la sintonía que tenga con sus superiores.


La encuesta ponía de manifiesto que el 85% de los empleados destacó, que lo más importante para ellos era recibir un aprecio sincero de sus jefes pero que, en cambio, sólo un 49% de los líderes lo hacía de manera habitual.


Otro resultado de la encuesta americana que me sorprendió fue que, casi un 82% de los empleados remarcó que les gustaría que los jefes admitieran sus propios errores. En cambio, sólo un 40% de los jefes era capaz de hacerlo. ¿Por qué? ¿Por qué razón en nuestra sociedad está mal visto equivocarse?


Recordemos que, para ser un buen líder, es necesario cultivar la empatía hacía los demás, demostrar un aprecio sincero hacia el trabajo del equipo y admitir los propios errores. Parece tan obvio que creemos que lo tenemos asimilado, pero muchas veces tendemos a olvidarnos de las cosas más simples. Eso, señores, pienso que nos hará más humanos y mejores directivos.

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