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Jueves, 8 de marzo de 2018
ARANCELES

Trump reafirma su proteccionismo y acerca la guerra comercial

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La UE amenaza con gravámenes similares a los que el presidente estadounidense quiere aplicar al acero y al aluminio

Alfonso Fernández | Washington |

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El controvertido anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer aranceles al acero y aluminio ha provocado la salida de su principal asesor económico, Gary Cohn, y ha desatado las alarmas sobre una posible guerra comercial de consecuencias negativas.

 

Tras haberlo insinuado durante meses, Trump finalmente aseguró la pasada semana su intención de aplicar aranceles del 25% al acero y 10% al aluminio para proteger al industria estadounidense que, dijo, se encuentra "diezmada" por las prácticas comerciales injustas.

 

Este anuncio provocó gran revuelo interno en el Gobierno de EEUU, y que Cohn, expresidente de Goldamn Sachs y defensor de las ventajas de la globalización y el libre comercio, anunciase su renuncia en las próximas semanas.

 

"Su salida es ciertamente una señal de que ahora el nacionalismo económico es quien marca el ritmo a la hora de dictar la política comercial (en EEUU)", explicó Monica DeBolle, investigadora del centro de estudios Peterson Institute for International Economics y experta en comercio internacional.

 

Cohn, estrecho colaborador de Trump en su exitosa aprobación de un enorme recorte de impuestos para empresas y, en menor medida, para los trabajadores, era considerado la voz de Wall Street en la Casa Blanca y un moderado frente a las posiciones más extremas en materia comercial del mandatario.

 

La salida de Cohn dejó claras consecuencias hoy en los mercados financieros, que acumulaban pérdidas a media sesión y el Dow Jones de Industriales, el principal indicador de Wall Street, cedía un 1,10%.

 

"Las guerras comerciales no son tan malas, cuando estamos por detrás de todos los países" en términos de balanza comercial, remarcó Trump el martes en una rueda de prensa conjunta con el primer ministro sueco, Stefan Löfven.

 

El presidente reiteraba así su intención de seguir adelante con estos aranceles, y rechazaba frontalmente que las posibles represalias comerciales de otros países fueran a desalentarle.

 

De hecho, apuntó directamente a uno de sus principales socios comerciales, la Unión Europea (UE), que ya había avanzado gravámenes similares a productos estadounidense como el whisky bourbon o las motocicletas Harley-Davidson, de hacerse efectivos los aranceles al acero y aluminio.

 

"La Unión Europea no nos ha tratado bien, y ha sido una situación de comercio muy, muy injusta (...) Es casi imposible hacer negocios con ellos", sostuvo Trump.

 

Una vez sin Cohn, parece que el debate ahora se centra en torno a si los aranceles al acero y aluminio serán generales, o incluirán exenciones para determinados países.

 

Trump ya apuntó esta semana que quizá Canadá y México queden exentos si se logra alcanzar un nuevo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), actualmente en renegociación y en vigor desde 1994.

 

Asimismo, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, que forma parte del ala más proteccionista del gobierno, afirmó hoy que "no es inconcebible que (además de Canadá y Mexico) otros puedan quedar exentos en una base similar".

 

La mayoría de los economistas, incluido el Fondo Monetario Internacional (FMI), ya ha advertido sobre las nocivas consecuencias de una guerra comercial.

 

"Cualquier escenario donde hay disputas y represalias crearán incertidumbre y puede alterar la recuperación global", subrayó DeBolle.

 

La experta en comercio internacional agregó que "(Trump) está haciendo política sin entender las consecuencias económicas de sus acciones".

 

A favor del proteccionismo de Trump se expresó, sin embargo, la principal asociación sindical de EEUU, la AFL-CIO, que agrupa a 12 millones de trabajadores del sector público y privado de EE.UU., entre ellos los sindicatos que representan a los empleados siderúrgicos.

 

"La decisión del presidente Donald Trump supone la primera vez en la que no sólo se habla del problema, también se hace algo para solucionarlo. Este es el primer paso, y creemos que es positivo", afirmó Richard Trumka, presidente de la AFL-CIO

 

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