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Martes, 13 de marzo de 2018

Diez años de mercado alcista

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Juan Carlos Ureta |

Si la semana pasada hablábamos de un sueño frustrado, el de la "reflación" americana, al haber mostrado Trump la cara menos amable de su política económica imponiendo aranceles al acero y al aluminio, esta semana tenemos que hablar del renacer de otro sueño, que ha fascinado a los inversores estos últimos años. El sueño de una economía que es capaz de crecer de forma sostenida, y además en la medida justa y precisa como para no generar tensiones inflacionistas y permitir un entorno de tipos de interés, y en general un entorno de liquidez, favorable para la inversión en activos de riesgo.

 

Ese escenario económico, al que los comentaristas americanos llaman "goldilocks economy", una economía ni demasiado fría como para temer la recesión ni demasiado caliente como para temer la inflación (not too hot, not too cold) revivió el pasado viernes en Wall Street al publicarse el informe de empleo americano de febrero que mostró una sólida creación de puestos de trabajo (313.000 superando con mucho las estimaciones) y además con una subida de los salarios por hora muy moderada (2,6% en términos anualizados, por debajo de las estimaciones). Esa combinación es justo la que gusta a los inversores, al reflejar una economía vibrante y sin amenaza de tensiones en los precios.

 

La reacción de las Bolsas fue inmediata. El Nasdaq cerró la semana en máximos históricos de todos los tiempos, el Dow Jones superó de nuevo los 25.000 puntos quedándose a menos del 5% de su récord histórico, y el S&P se acercó de nuevo a los 2.800 puntos, situándose ya a tan solo un 3% de los máximos de todos los tiempos que alcanzó en enero. Además tanto el Dow como el S&P cerraron por encima de la media móvil de las últimas cincuenta sesiones, un nivel que los analistas técnicos consideran muy relevante.

 

También contribuyeron a ese "revival" bursátil las noticias de un próximo encuentro entre Trump y Kim Jong Un, así como la moderación del lenguaje proteccionista por parte de Trump, al excepcionar a ciertos países de los aranceles impuestos al acero y al aluminio.

 

Difícilmente podría haberse encontrado una forma mejor de celebrar el noveno aniversario del inicio del mayor mercado alcista (bull market) de todos los tiempos. El viernes nueve de marzo se cumplieron nueve años desde que el S&P encontró el suelo de la gran caída que siguió a la quiebra de Lehman Brothers. Desde ese suelo que marcó el S&P en los 666 puntos, el S&P ha subido más de un 300% y esa subida ha sido muy lineal en los últimos catorce meses, desde que en noviembre de 2017 Trump ganó las elecciones a la presidencia americana, hasta que hace un mes, el viernes dos de febrero, se inició una corrección de las Bolsas, justamente al publicarse el informe de empleo de enero, que evidenciaba una subida de los salarios por hora mayor de la estimada.

 

Una vez más, por tanto, los inversores han superado el muro de inquietud ("wall of worry"), en esta ocasión la inquietud creada por los temores de inflación. Lo curioso es que las Bolsas americanas siguen subiendo más que las europeas. El Dow Jones ha subido un 3,5% la semana pasada y el S&P un 3,3%, frente a una subida semanal de Eurostoxx del 2,9% y del Ibex del 1,6%. Solo el Dax alemán, impulsado por la formación definitiva de la gran coalición de Gobierno entre los dos grandes partidos tras la votación positiva del SPD, ha conseguido estar a la altura de los índices americanos, con su remontada del 3,6% en la semana, desde los mínimos anuales que había marcado el viernes anterior. El Nikkei japonés por su parte se ha quedado en una modesta subida semanal del 1,4% a pesar de la renovación de Kuroda como Gobernador del Banco de Japón.

 

En las Bolsas americanas, por tanto, el ánimo inversor está muy alto al iniciarse la segunda semana completa de marzo, una semana en la que se cumple otro aniversario, en esta ocasión el décimo aniversario desde la caída de Bear Stearns, el banco de inversión americano que tuvo que ser rescatado por JP Morgan evitando así una quiebra cuyas ondas expansivas habrían sido tanto o más destructivas que las de la que solo unos meses después, en septiembre de 2008, protagonizó Lehman, sin que en esa ocasión pudiese hacerse nada para evitarlo. Es bueno recordar aquella secuencia sobre todo si contemplamos, como de hecho lo hacemos, las turbulencias de febrero como un primer aviso de que bajo la aparentemente tranquila superficie de esa economía "goldilocks" pueden estar generándose algunos desequilibrios que aflorarán tarde o temprano.

 

Nuestra lectura es que en febrero ha habido un cambio del sentimiento de los inversores, que han pasado de no ver ningún riesgo ("modo complacencia") a estar atentos a los posibles riesgos ("modo alerta"). De momento, el riesgo en el que se han fijado los mercados es el de una inflación y una subida de tipos mayores de las previstas, pero el foco puede cambiar en cualquier momento hacia otras inquietudes, como ya se ha visto con el proteccionismo a raíz de los aranceles anunciados por Trump.

 

Sin embargo, la duda que nos deja la eufórica reacción del viernes ante el dato de empleo es si de nuevo los inversores van a volver a la complacencia, olvidando el susto de febrero. Lo normal es que la herida abierta en febrero tarde en cerrarse y genere un ambiente algo más desconfiado, pero ciertamente es una tendencia humana y muy comprensible la de querer volver a los tiempos felices y al optimismo.

 

Los indicadores de sentimiento de los inversores son mixtos y no nos dejan una lectura concluyente en uno u otro sentido. Por un lado, la ya mencionada reacción de las Bolsas el viernes pasado muestra que los inversores desean agarrarse a cualquier dato para volver al mundo feliz de 2017 y de enero de 2018. Pero por otro lado, la muy fuerte e inmediata caída del S&P y del Dow tras el anuncio, el martes por la noche, de la dimisión de Gary Cohn, hasta ahora asesor económico de Trump y figura muy respetada en Wall Street, nos muestra la fragilidad de esa confianza inversora. Si hacemos caso a la idea de Jeffrey Gundlach que comentábamos hace dos semanas, según la cual la cotización del bitcoin se ha convertido en un "proxy" del apetito de riesgo de los inversores, podemos ver otra muestra de debilidad del ánimo inversor en la pérdida por el bitcoin el pasado viernes del nivel de los 9.000 dólares, tras bajar más de un 20% en la semana.

 

Desde esta perspectiva esta semana, en la que se inicia el décimo año del mercado alcista, se presenta llena de datos y noticias interesantes. Por un lado hay algunos resultados trimestrales interesantes, de empresas como Oracle, Fedex o Nike, en EE.UU., y Adidas, Inditex o E.On, en la zona euro, que siempre aportan información sobre la marcha general de la economía. Por otro lado, y más importante aún, el martes se publica la inflación de EE.UU. en febrero y el miércoles el índice de precios de la producción (PPI). Ambos datos son especialmente relevantes, tras las expectativas creadas por el ya mencionado informe de empleo americano del pasado viernes, y como antesala de la reunión de la Fed los días 20 y 21 de este mes. Una reunión en la que se espera que la Fed suba los tipos de interés por sexta vez, dados los mensajes "hawkish" utilizados por Jay Powell en su reciente comparecencia ante el Congreso. Será muy interesante ver si la inflación puede mantenerse contenida en una economía con un desempleo en torno al 4% y con el dólar tan débil.

 

En la zona euro también se publican los IPCs de febrero de varios países, entre ellos España (martes) y Alemania (miércoles), así como del conjunto de la zona euro el viernes. Como colofón, el viernes se publica el sentimiento del consumidor americano de febrero medido por la Universidad de Michigan, que nos mostrará cómo ven los americanos su futuro y cómo perciben las políticas económicas propuestas por el presidente Trump.

 

Con el tipo de interés del T bond en el 2,89% al cierre del pasado viernes, las cifras de inflación podrían volver a disparar la volatilidad en las Bolsas si sorprenden al alza y mueven el tipo del T bond hacia esa temida cifra mágica del 3% o bien podría ocurrir justo lo contrario, es decir, que tranquilizasen a los inversores si lo que muestran es una subida moderada de los precios. En nuestra opinión a corto plazo todo va a depender, de nuevo, de esa cifra mágica del 3%. Si el tipo de interés del bono americano a diez años pasa del 3% volverán los nervios y si no seguirá la tranquilidad de estos últimos días.

 

En cuanto a la zona euro, hemos tenido una buena noticia, la gran coalición alemana de gobierno, y una no tan buena, el resultado de las elecciones italianas. Pero lo más relevante de la semana ha sido que en la reunión del pasado jueves, el BCE ha quitado de su comunicado oficial la tradicional frase de que podría incrementar el importe o la duración de las compras de bonos si la economía de la zona euro se deteriora ("if needed"). Para algunos esto significa el principio del fin de la QE europea, o lo que es lo mismo, el principio del fin de la época del dinero barato que tuvo su máxima expresión en aquellas famosas tres palabras de julio de 2012 , el "whatever it takes". Curiosamente el euro reaccionó con caídas (de niveles superiores al 1,24 al nivel del 1,231 de cierre del viernes) a ese giro dado por el comunicado del BCE y a la afirmación de Draghi de que hay un momento muy fuerte en la economía europea ("strong and broad growth momentum in eurozone").

 

El entorno monetario y de divisas sigue siendo fundamental para la estabilidad de las Bolsas, tanto en EE.UU. como en la zona euro. De momento el tipo de interés del T bond se mantiene por debajo del 3% y el dólar no ha traspasado ese nivel de 1,25 con el euro que dispararía algunas alarmas. Pero estando tan cerca de esos niveles no deja de ser sorprendente el renovado optimismo que vimos el viernes pasado.

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