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Martes, 10 de mayo de 2016
OPINIÓN

Esos estirados encorbatados

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Tomeu Garcies |

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Vengo de una família humilde y trabajadora del formato que, en algunos ámbitos aún califican como proletaria. En mi familia se me inculcó siempre el valor del esfuerzo, del trabajo y de la constancia.

 

Se me educó para luchar y no rendirse en las adversidades. Se me insistió en la importancia del estudio, del aprendizaje constante. En aquellos momentos de adolescencia se fomentaba el valor de los estudios y de buscar el mejor trabajo que uno pudiera encontrar. En aquella cultura que hoy hemos heredado raramente se creia en la posibilidad de crear tu propio trabajo.

 

Se era emprendedor o empresario normalmente por tradición o imposición familiar, casi como se daba en los gremios medievales en los que el herrero, el botero o el carpintero eran más que profesiones. Eran formas de vida que pasaban de padres a hijos.

 

Digo todo ello por que hace solo unos días la presidenta de CAEB, Carmen Planas, dijo una gran verdad. En Estados Unidos el empresario es un diós y aquí no. No le faltaba ni pizca de razón a la presidenta. La imagen que tiene el empresario en España no tiene nada que ver ni por asomo a la que tiene en otras latitudes.

 

Aquí cuesta un mundo emprender. No solo por que muchas veces ho existen todas las facilitades burocráticas y legales que se necesitaría sino por que además los impuestos son altos y como añadidura nos falta cultura empresarial.

 

Aún permanece en el imaginario colectivo la fotografia estática del empresario como un señor serio, estirado y encorbatado con mucho poder y con la gracia divina de producir dinero a costa del esfuerzo de los otros. Este retrato centenario no se ajusta a la realidad. No es verdad pero se sigue alimentando.

 

Cambiar esta estética es un trabajo social de todos, empezando por los empresarios y acabando por los estamentos políticos.

 

Hoy día ser empresario es un auténtico quebradero de cabeza. Es una pasión en la búsqueda del éxito, del triunfo de una idea original. ¿Cuantas empresas que nacen se quedan por el camino cada año? Infinitamente más de las que acaban teniendo una larga y próspera vida.

 

Pero en esto está la gracia, en tocar la tecla adecuada, en trabajar, trabajar y trabajar. En no tener horarios, ni festivos, en arriesgarse. Gran palabra esta última la del riesgo.

 

Si pudiéramos resumirlo de alguna manera podríamos decir que ser empresario es poner riesgo en tu vida. Afortunadamente el riesgo es adrenalina y esto al final es lo que nos mantiene vivos.

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